
Métodos de valoración: ¿Comparación de mercado, ingresos o costo? Cuál aplica a cada tipo de activo
Julio 2026 | David Yepes & Aurora Turriago
Los espacios pet friendly son, hoy en día, una decisión estratégica de real estate comercial en América Latina.
En marketing, se considera que al consumidor no se le crean necesidades ni se cuestionan sus costumbres, sino que se les acompaña. Por ello, es tan importante identificar los cambios que se dan en sus hábitos para constuir una experiencia entorno a ellos. En los últimos años en América Latina, uno de los cambios más profundos reside en el rol que cumplen las mascotas en la composición familiar, la cual no es una tendencia de redes sociales, sino una consideración a tomar en el espacio físico –en real estate– en donde convivimos todos en el día a día.
Cuando un hábito de consumo cambia de forma estructural, quien gestiona el espacio físico —el propietario, el desarrollador o el administrador— tiene dos caminos: adaptar el inmueble a la nueva demanda o verlo perder relevancia frente a los que sí lo hicieron. El pet friendly ya no es un nice to have, es un atributo del activo que impacta tráfico, permanencia, mezcla de tenants y valor de la propiedad.
Los datos regionales confirman que esto es una realidad estructural. En Colombia, el 67% de los hogares —dos de cada tres, unas 4.4 millones de familias— convive con al menos una mascota, según el DANE (DANE vía El Colombiano). Lo más revelador es la velocidad: la cifra saltó desde el 48% en 2020, casi 20 puntos porcentuales en apenas cinco años (Publimetro Colombia).
El fenómeno es regional. En México, cerca del 70% de los hogares ya convivía con una mascota según INEGI, y para 2025 el 83% de la población se reconoce como tutora (Deloitte). Argentina lidera la penetración por hogar en la región, seguida de Chile (Over); en Panamá la tenencia de perros pasó del 50% al 80% en seis años (La Estrella de Panamá); y el mercado regional de pet care avanza hacia los 18,880 millones de dólares para 2033 (Pet Food Latinoamérica).
La cifra que convierte esta tendencia en decisión de real estate no es cuántas mascotas hay, sino qué representan para la familia. En México, el 53% de las personas considera a su mascota “un miembro de la familia” (Deloitte). Cuando eso es cierto, la mascota entra en la ecuación de decisión sobre a dónde ir el fin de semana. Un centro comercial que no la admite no está rechazando a un perro: está autoexcluyéndose de la decisión de compra de toda la familia.
Para el propietario y el administrador de los inmuebles que buscan atraer flujos de personas, esto se traduce en variables que sí mueven el valor de un activo retail:
Aquí está la advertencia estratégica para el sector: ser pet friendly de verdad no es solo admitir mascotas, es una decisión de diseño y operación del inmueble. El caso de Plaza Central en Bogotá es un buen modelo: una zona pet friendly de 60 m² dentro de su zona de comidas, con bebederos, mobiliario adaptado, dispensadores de bolsas para desechos, ascensores accesibles e incluso guardería por horas y renta de coches para mascotas (América Retail). Es infraestructura, no solo señalización.
En Costa Rica, Oxígeno Human Playground integra el pet friendly a un concepto de experiencia sostenible con zonas verdes y terrazas (Oxígeno), y lo hace con seriedad operativa: publica un reglamento formal de “Zonas Dog Friendly” con reglas claras de correa, higiene, vacunas y áreas permitidas (Oxígeno — Reglamento Dog Friendly).
En México, Gran Terraza Coapa convirtió el pet friendly en identidad de marca —con amplios espacios al aire libre y tenants como Petco dentro del propio centro— y ese posicionamiento se traduce en 4.4 estrellas y más de 12,800 reseñas, con visitantes que la describen como “un excelente lugar para pasear con tu perro mientras decides dónde comer” (Prensa Animal).
La checklist de real estate es concreta: bebederos y estaciones de higiene, zonas de sombra y descanso, terrazas y áreas comunes habilitadas, señalización y reglamentos que protejan a todos, ascensores y circulaciones accesibles, y una mezcla de tenants —cafeterías, veterinarias, tiendas especializadas— que refuerce el ecosistema.
El buen marketing lee el hábito que ya existe. El buen real estate lo convierte en infraestructura y en valor. Hoy el consumidor latinoamericano sale el fin de semana con su familia completa —incluidos los miembros la de cuatro patas— y elige dónde gastar su tiempo y su dinero en función de quién los recibe bien a todos.
Los activos que provean espacios y accesorios para una convivencia adecuada no estarán siguiendo una moda: estarán respondiendo, con inteligencia estratégica, a un cambio demográfico que ya ocurrió y que sigue creciendo. La pregunta ya no es si nuestros inmuebles deben ser pet friendly, sino qué tan bien se han diseñado o adecuado antes de que los competidores lo hagan primero.
Diego León
Marketing Director Latin America

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